{"id":32476,"date":"2026-04-14T22:05:35","date_gmt":"2026-04-15T02:05:35","guid":{"rendered":"https:\/\/lequotidien509.com\/la-crisis-como-estrategia-de-estado-en-haiti-el-pais-de-las-maravillas\/"},"modified":"2026-04-14T22:05:35","modified_gmt":"2026-04-15T02:05:35","slug":"la-crisis-como-estrategia-de-estado-en-haiti-el-pais-de-las-maravillas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lequotidien509.com\/es\/la-crisis-como-estrategia-de-estado-en-haiti-el-pais-de-las-maravillas\/","title":{"rendered":"La crisis como estrategia de Estado en Hait\u00ed: el pa\u00eds de las maravillas"},"content":{"rendered":"<p>Mi pa\u00eds no se derrumba como un edificio mal concebido. Se deshace con m\u00e9todo, con una regularidad casi profesional. Se desintegra. A fuerza de observar, se impone una evidencia: la crisis haitiana no solo se padece, se ha convertido en un lenguaje pol\u00edtico. Un lenguaje dominado, repetido, explotado hasta producir una forma de normalidad en la que el derrumbe ya no sorprende: se organiza.    <\/p>\n<p>A partir de entonces, la vida casi ya no cuenta; la muerte se convierte en un fen\u00f3meno casi familiar, como dec\u00eda Joseph Stalin: \u00abLa muerte de un hombre es una tragedia; la de un mill\u00f3n, una estad\u00edstica\u00bb. Se afirma con raz\u00f3n que la vida, al igual que la muerte, en Hait\u00ed, se convierte en un suceso, mientras que la sangre de todo un pueblo parece alimentar la opulencia de toda una clase de hombres, mandatada por los \u00abmejor nacidos\u00bb.<\/p>\n<p>Ya no basta con hablar de fracaso haciendo referencia al Galli match\u00e2t que calificamos con ligereza de \u00abcrisis\u00bb. La palabra es demasiado d\u00e9bil, demasiado c\u00f3moda, casi indulgente, casi afectiva. <\/p>\n<p>De 2010 a la gobernanza de \u00abALIX\u00bb, que desde el 7 de febrero de 2026 hereda el pleno poder en el pa\u00eds de las maravillas. El colmo alcanza su paroxismo cuando una clase pol\u00edtica haitiana no solo se ha mostrado incapaz de reconstruir el Estado; ha instalado progresivamente un modo de funcionamiento en el que la ausencia de resultados ya no es un problema, sino una condici\u00f3n de supervivencia. Dir\u00edase simplemente Alix en el pa\u00eds de las maravillas.  <\/p>\n<p>Lo que est\u00e1 en juego supera a los partidos, las figuras, las alternancias. Se trata de un sistema difuso, transversal, en el que el poder y la responsabilidad rara vez evolucionan en la misma direcci\u00f3n. Los rostros cambian, los discursos se renuevan en la superficie, pero la mec\u00e1nica permanece. Una mec\u00e1nica bien engrasada, precisamente porque no produce resultados vinculantes.   <\/p>\n<p>Desde hace varias d\u00e9cadas, la pol\u00edtica haitiana parece haber abandonado toda pretensi\u00f3n de coherencia. Las alianzas se hacen y se deshacen sin una justificaci\u00f3n ideol\u00f3gica real. Los discursos se ajustan a las circunstancias, los compromisos se disuelven en la oportunidad y la memoria pol\u00edtica se vuelve extra\u00f1amente corta. En este espacio cambiante, la constancia ya no es una virtud; es un lastre.   <\/p>\n<p>Lo que llama la atenci\u00f3n no es solo la debilidad de las instituciones, sino la manera en que esa debilidad se teje, casi se asume. El incumplimiento del principio de continuidad del Estado se convierte en norma y los derechos del ciudadano son inexistentes. El Estado funciona, pero vac\u00edo de sentido. Produce decisiones sin alcance, anuncios sin continuidad, estructuras sin sustancia. Da la ilusi\u00f3n de la acci\u00f3n mientras evita cuidadosamente sus consecuencias.    <\/p>\n<p>En este contexto, la crisis deja de ser un accidente. Se convierte en un marco. Estructura los comportamientos, redistribuye los roles, legitima la inacci\u00f3n. Se instala una gobernanza de la urgencia permanente, en la que cada problema exige una respuesta inmediata, provisional y, sobre todo, no vinculante. El largo plazo desaparece, sustituido por una sucesi\u00f3n de presentes inestables.    <\/p>\n<p>Hay que decirlo sin rodeos: una parte significativa de la clase pol\u00edtica haitiana ha aprendido a sacar provecho de esta inestabilidad. No a pesar de ella, sino gracias a ella. Porque un pa\u00eds desorganizado es un pa\u00eds donde las reglas son flexibles, donde las responsabilidades se diluyen, donde los fracasos se confunden con el contexto.  <\/p>\n<p>En un sistema as\u00ed, la rendici\u00f3n de cuentas se convierte en una anomal\u00eda. Los esc\u00e1ndalos se suceden sin provocar una ruptura. Las indignaciones se expresan y luego se agotan. El ciclo se repite, casi mec\u00e1nicamente. Y con cada repetici\u00f3n, se arraiga un poco m\u00e1s.    <\/p>\n<p>Pero esta mec\u00e1nica no podr\u00eda funcionar sin otro factor, m\u00e1s discreto y m\u00e1s inquietante: la habituaci\u00f3n colectiva. A fuerza de enfrentarse a la inestabilidad, la sociedad se adapta. Desarrolla estrategias de evasi\u00f3n, reflejos de supervivencia, una forma de resiliencia que, parad\u00f3jicamente, contribuye a mantener el desorden. Porque lo que permite resistir en el d\u00eda a d\u00eda tambi\u00e9n puede impedir romper con lo que produce la crisis.   <\/p>\n<p>As\u00ed se perfila una relaci\u00f3n compleja entre gobernantes y gobernados. Una relaci\u00f3n hecha de desconfianza, lucidez, pero tambi\u00e9n de impotencia. La clase pol\u00edtica act\u00faa sin una verdadera restricci\u00f3n, no porque sea todopoderosa, sino porque los mecanismos capaces de limitarla siguen siendo fr\u00e1giles, fragmentados o ineficaces.  <\/p>\n<p>Lo m\u00e1s preocupante, quiz\u00e1, est\u00e1 en otra parte. Reside en esa capacidad que el sistema ha desarrollado para absorber la cr\u00edtica. Todo se denuncia, nada se transforma. La palabra circula, el an\u00e1lisis se afina, pero el impacto sigue siendo limitado. Como si la propia comprensi\u00f3n se hubiera vuelto insuficiente.    <\/p>\n<p>A partir de entonces, la cuesti\u00f3n ya no es solo pol\u00edtica. Es estructural, casi existencial. \u00bfC\u00f3mo puede un pa\u00eds seguir funcionando sabiendo con precisi\u00f3n lo que lo paraliza? \u00bfC\u00f3mo puede una sociedad mantener tal nivel de lucidez sin lograr producir una ruptura decisiva?   <\/p>\n<p>No hay una respuesta simple. Pero hay una certeza: mientras la crisis siga siendo un modo de gesti\u00f3n aceptable, seguir\u00e1 reproduci\u00e9ndose. Mientras el fracaso no sea sancionado, dejar\u00e1 de ser descalificante. Y mientras la pol\u00edtica pueda existir sin obligaci\u00f3n de resultados, no tendr\u00e1 ninguna raz\u00f3n para transformarse.   <\/p>\n<p>Este texto no pretende se\u00f1alar culpables aislados. Intenta nombrar un sistema. Un sistema en el que el derrumbe ya no es solo una consecuencia, sino un equilibrio. Un sistema que se sostiene, precisamente, porque no funciona. Y quiz\u00e1 ah\u00ed resida el verdadero esc\u00e1ndalo: no en lo que fracasa, sino en lo que, pese a todo, sigue sosteni\u00e9ndose.    <\/p>\n<p>Marc Arthur Paul<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi pa\u00eds no se derrumba como un edificio mal concebido. Se deshace con m\u00e9todo, con una regularidad casi profesional. Se desintegra. A fuerza de observar, se impone una evidencia: la crisis haitiana no solo se padece, se ha convertido en un lenguaje pol\u00edtico. Un lenguaje dominado, repetido, explotado hasta producir una forma de normalidad en la que el derrumbe ya no sorprende: se organiza. A partir de entonces, la vida casi ya no cuenta; la muerte se convierte en un fen\u00f3meno casi familiar, como dec\u00eda Joseph Stalin: \u00abLa muerte de un hombre es una tragedia; la de un mill\u00f3n, una estad\u00edstica\u00bb. Se afirma con raz\u00f3n que la vida, al igual que la muerte, en Hait\u00ed, se convierte en un suceso, mientras que la sangre de todo un pueblo parece alimentar la opulencia de toda una clase de hombres, mandatada por los \u00abmejor nacidos\u00bb. Ya no basta con hablar de fracaso haciendo referencia al Galli match\u00e2t que calificamos con ligereza de \u00abcrisis\u00bb. La palabra es demasiado d\u00e9bil, demasiado c\u00f3moda, casi indulgente, casi afectiva. De 2010 a la gobernanza de \u00abALIX\u00bb, que desde el 7 de febrero de 2026 hereda el pleno poder en el pa\u00eds de las maravillas. El colmo alcanza su paroxismo cuando una clase pol\u00edtica haitiana no solo se ha mostrado incapaz de reconstruir el Estado; ha instalado progresivamente un modo de funcionamiento en el que la ausencia de resultados ya no es un problema, sino una condici\u00f3n de supervivencia. Dir\u00edase simplemente Alix en el pa\u00eds de las maravillas. Lo que est\u00e1 en juego supera a los partidos, las figuras, las alternancias. Se trata de un sistema difuso, transversal, en el que el poder y la responsabilidad rara vez evolucionan en la misma direcci\u00f3n. Los rostros cambian, los discursos se renuevan en la superficie, pero la mec\u00e1nica permanece. Una mec\u00e1nica bien engrasada, precisamente porque no produce resultados vinculantes. Desde hace varias d\u00e9cadas, la pol\u00edtica haitiana parece haber abandonado toda pretensi\u00f3n de coherencia. Las alianzas se hacen y se deshacen sin una justificaci\u00f3n ideol\u00f3gica real. Los discursos se ajustan a las circunstancias, los compromisos se disuelven en la oportunidad y la memoria pol\u00edtica se vuelve extra\u00f1amente corta. En este espacio cambiante, la constancia ya no es una virtud; es un lastre. Lo que llama la atenci\u00f3n no es solo la debilidad de las instituciones, sino la manera en que esa debilidad se teje, casi se asume. El incumplimiento del principio de continuidad del Estado se convierte en norma y los derechos del ciudadano son inexistentes. El Estado funciona, pero vac\u00edo de sentido. Produce decisiones sin alcance, anuncios sin continuidad, estructuras sin sustancia. Da la ilusi\u00f3n de la acci\u00f3n mientras evita cuidadosamente sus consecuencias. En este contexto, la crisis deja de ser un accidente. Se convierte en un marco. Estructura los comportamientos, redistribuye los roles, legitima la inacci\u00f3n. Se instala una gobernanza de la urgencia permanente, en la que cada problema exige una respuesta inmediata, provisional y, sobre todo, no vinculante. El largo plazo desaparece, sustituido por una sucesi\u00f3n de presentes inestables. Hay que decirlo sin rodeos: una parte significativa de la clase pol\u00edtica haitiana ha aprendido a sacar provecho de esta inestabilidad. No a pesar de ella, sino gracias a ella. Porque un pa\u00eds desorganizado es un pa\u00eds donde las reglas son flexibles, donde las responsabilidades se diluyen, donde los fracasos se confunden con el contexto. En un sistema as\u00ed, la rendici\u00f3n de cuentas se convierte en una anomal\u00eda. Los esc\u00e1ndalos se suceden sin provocar una ruptura. Las indignaciones se expresan y luego se agotan. El ciclo se repite, casi mec\u00e1nicamente. Y con cada repetici\u00f3n, se arraiga un poco m\u00e1s. Pero esta mec\u00e1nica no podr\u00eda funcionar sin otro factor, m\u00e1s discreto y m\u00e1s inquietante: la habituaci\u00f3n colectiva. A fuerza de enfrentarse a la inestabilidad, la sociedad se adapta. Desarrolla estrategias de evasi\u00f3n, reflejos de supervivencia, una forma de resiliencia que, parad\u00f3jicamente, contribuye a mantener el desorden. Porque lo que permite resistir en el d\u00eda a d\u00eda tambi\u00e9n puede impedir romper con lo que produce la crisis. As\u00ed se perfila una relaci\u00f3n compleja entre gobernantes y gobernados. Una relaci\u00f3n hecha de desconfianza, lucidez, pero tambi\u00e9n de impotencia. La clase pol\u00edtica act\u00faa sin una verdadera restricci\u00f3n, no porque sea todopoderosa, sino porque los mecanismos capaces de limitarla siguen siendo fr\u00e1giles, fragmentados o ineficaces. Lo m\u00e1s preocupante, quiz\u00e1, est\u00e1 en otra parte. Reside en esa capacidad que el sistema ha desarrollado para absorber la cr\u00edtica. Todo se denuncia, nada se transforma. La palabra circula, el an\u00e1lisis se afina, pero el impacto sigue siendo limitado. Como si la propia comprensi\u00f3n se hubiera vuelto insuficiente. A partir de entonces, la cuesti\u00f3n ya no es solo pol\u00edtica. Es estructural, casi existencial. \u00bfC\u00f3mo puede un pa\u00eds seguir funcionando sabiendo con precisi\u00f3n lo que lo paraliza? \u00bfC\u00f3mo puede una sociedad mantener tal nivel de lucidez sin lograr producir una ruptura decisiva? No hay una respuesta simple. Pero hay una certeza: mientras la crisis siga siendo un modo de gesti\u00f3n aceptable, seguir\u00e1 reproduci\u00e9ndose. Mientras el fracaso no sea sancionado, dejar\u00e1 de ser descalificante. Y mientras la pol\u00edtica pueda existir sin obligaci\u00f3n de resultados, no tendr\u00e1 ninguna raz\u00f3n para transformarse. Este texto no pretende se\u00f1alar culpables aislados. Intenta nombrar un sistema. 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