Su partida ha provocado indignación. Saint-Cyr, quien no es candidato a ningún cargo electivo, es visto por muchos como un peón que busca sellar alianzas estratégicas antes del 7 de febrero, en lugar de servir al país. Reconocido como el consejero con más viajes y cero resultados útiles para Haití, su viaje a Doha para el «Segundo Cumbre Mundial para el Desarrollo Social» parece una misión personal. Incluso el equipo de prensa de la Presidencia tardó en comunicar la noticia, publicando las fotos de su salida recién a las 6:15 p. m.
¿Una agenda cuestionable? La cumbre de la ONU se celebra del 4 al 6 de noviembre. ¿Por qué dejar Haití desde el 31 de octubre? ¿Qué busca en una cumbre de desarrollo social cuando ya estuvo con todos los jefes de Estado en Nueva York el pasado 23 de septiembre? El costo de este viaje lo paga una población sumida en el desamparo.
Cinismo asumido Mientras la comunidad internacional multiplica sus gestos de solidaridad, Saint-Cyr se aleja sin una declaración de simpatía ni mensajes de condolencias para las familias en duelo. Este silencio glacial refuerza el sentimiento de abandono de un pueblo ya muy castigado. «¿Quiénes son los haitianos para merecer la simpatía de Laurent Saint-Cyr?», se preguntan consternados diversos observadores.
Un país herido El balance oficial de Protección Civil reporta al menos 30 muertos, 20 heridos y 20 desaparecidos. En Petit-Goâve y Nippes, decenas de casas fueron arrasadas. En Les Cayes, más de 2,600 personas se encuentran en refugios temporales. Mientras tanto, Leslie Voltaire asume una vez más el rol de «bombero» para cubrir los vacíos del ausente Saint-Cyr.
Esta distancia política e indiferencia ante el dolor del pueblo plantea una pregunta inevitable: ¿es insensibilidad, incompetencia o simple desprecio por la realidad haitiana?
Brigitte Benshow
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