Puerto Príncipe, 25 de agosto de 2026 — En la noche del 23 al 24 de agosto, hombres armados arrasaron Kenscoff, sembrando la muerte en este municipio de las alturas de Puerto Príncipe. Decenas de víctimas, familias diezmadas, habitantes huyendo: el saldo es pesado y reaviva una pregunta que muchos en Kenscoff se hacen desde hace meses: ¿qué hizo la Policía Nacional de Haití (PNH) para impedirlo.
Anuncios de «control» que no se sostuvieron
No es la primera vez que Kenscoff paga el precio de la violencia de las pandillas. Y tampoco es la primera vez que el director general de la PNH, Vladimir Paraison, promete retomar el control de la zona.
Tras una operación conjunta con la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MMAS) en 2025, el sitio estratégico de TÉLÉCO en Kenscoff había sido presentado como recuperado y asegurado de forma permanente. En enero de 2026, durante un balance público, Kenscoff todavía figuraba entre las zonas que Paraison decía haber recuperado, junto con Solino y Bel-Air.
En la noche del 23 al 24 de agosto, la comprobación fue brutal: 47 muertos registrados oficialmente, una iglesia incendiada con personas que habían buscado refugio en ella, y varias propiedades privadas atacadas e incendiadas.
Siete meses después, esas declaraciones chocan con una realidad difícil de refutar: un nuevo ataque, atribuido a grupos armados que operan en la zona, ha vuelto a sumir a Kenscoff en el duelo. El sindicato policial SPNH-17 ya había pedido al nuevo director general que diera pruebas de su gestión, señalando las persistentes dificultades de la institución para retomar y, sobre todo, conservar de manera duradera el control de ciertos sectores del municipio.
Las mismas palabras, otra vez
Frente a esta nueva masacre, la respuesta oficial siguió un guion ya conocido. Vladimir Paraison se trasladó a la comisaría de Kenscoff para constatar la situación y anunció que la policía tenía intención de responder a los grupos armados responsables. El primer ministro, por su parte, habló de una movilización general de las fuerzas de seguridad. La Dirección General de la PNH también pidió a la Dirección Central de la Policía Judicial (DCPJ) que investigara el ataque: «Direksyon Jeneral PNH la mande DCPJ pou ankete sou atak bandi yo fè nan Kenskòf» («La Dirección General de la PNH pidió a la DCPJ investigar el ataque de los bandidos en Kenscoff»).
Pero, hasta el 25 de agosto, el silencio de algunas instituciones llama la atención. Ni el Ministerio de Defensa ni Mario Andrésol se habían pronunciado públicamente sobre la masacre, mientras que el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé y la comunidad internacional multiplicaban las condenas.
El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó el reciente ataque en Kenscoff, que habría dejado al menos 47 muertos, y pidió a las autoridades haitianas que los responsables rindan cuentas.
Estados Unidos también denunció con firmeza el ataque contra la comunidad agrícola de Kenscoff. En un mensaje publicado en X, la embajada estadounidense en Haití expresó sus condolencias a las víctimas y sus familias, reafirmando su apoyo a los esfuerzos de seguridad liderados por los haitianos para poner fin al terror de las pandillas.
La misma condena llegó desde la Organización de los Estados Americanos. Su secretario general, Albert Ramdin, denunció «con la mayor firmeza» el brutal ataque perpetrado por pandillas criminales en Kenscoff y expresó su solidaridad con las comunidades afectadas y las autoridades locales.
La Unión Europea, por su parte, indicó que su delegación, junto con las embajadas de España y Francia en Haití, condenaba «con la mayor firmeza» el ataque perpetrado en la noche del 23 al 24 de agosto.
Canadá también condenó «en los términos más enérgicos» los ataques del 23 y 24 de agosto, diciéndose profundamente entristecido por la violencia contra civiles inocentes y por el sufrimiento que sigue infligiendo a la población.
Sin embargo, esta sucesión de reacciones internacionales contrasta con la magnitud de lo que ahora se espera de las instituciones haitianas. Las condenas diplomáticas se multiplican, se publican comunicados, se anuncian investigaciones. Pero en Kenscoff, las familias entierran a sus muertos.
Después de cada masacre, vuelven las mismas palabras: Investigar. Condenar. Responder. Asegurar.
Para las familias que entierran a sus seres queridos, estos compromisos suenan como los escuchados tras cada ataque anterior — sin que a ellos siga un cambio duradero de la situación de seguridad. Sobre el terreno, el desfase entre el discurso y los hechos es visible. La PNH afirma haber enfrentado a los agresores, pero los habitantes consideran que una presencia policial reforzada y permanente habría podido evitar la masacre. Kenscoff, durante mucho tiempo percibida como un municipio tranquilo, se ha convertido en uno de los nuevos frentes de la expansión territorial de las pandillas en la región de Puerto Príncipe.
Un jefe sobre el terreno, ¿pero para qué resultado?
Desde su nombramiento en agosto de 2025, Paraison ha construido buena parte de su imagen sobre la presencia física: visitas sorpresa a los barrios calientes de la capital, inspecciones callejeras, apariciones en primera línea. Esa imagen de «guerrero» de campo, elogiada por algunos observadores en el momento de su nombramiento, chocó meses después con críticas públicas más concretas — aunque también es cierto que a algunos embajadores les ha gustado trabajar con él, como nos señaló el mes pasado Antoine Michon, embajador de Francia en Haití.
En febrero de 2026, varias voces —entre ellas actores de la sociedad civil— se alzaron para denunciar una comunicación institucional considerada excesiva: una multiplicación de fotos y apariciones que algunos observadores calificaron de demasiado escenificadas, en un contexto en que la inseguridad seguía pesando fuertemente sobre la vida cotidiana de los ciudadanos. Esas mismas voces pedían al director general que reorientara sus esfuerzos hacia la lucha contra las pandillas armadas en lugar de hacia su imagen pública, recordando que la comunicación, por necesaria que sea, no debe sustituir a la acción sobre el terreno.
El contraste resulta aún más llamativo porque el Ministerio de Defensa está hoy en manos de un hombre que dirigió él mismo la PNH durante siete años (2005-2012): Mario Andrésol. Nombrado en marzo de 2026 y presentado como un gestor disciplinado, formado en Estados Unidos y Francia, Andrésol debía, en teoría, aportar la experiencia institucional que faltaba. Pero para una parte de la opinión pública, su presencia en la cúpula del aparato de seguridad sigue siendo más protocolar que estratégica: la de un alto responsable al que se ve poco pronunciarse sobre la gestión de la crisis o involucrarse en el fondo de las operaciones en curso, en un momento en que el país afronta una de las peores olas de violencia de su historia reciente.
Entre el director general de la PNH y el ministro de Defensa, para sus detractores, es toda la cadena de mando de seguridad la que parece más ocupada en cuidar las apariencias que en producir resultados. Kenscoff, una vez más, paga el precio.
Una comunicación institucional que genera dudas
El comunicado difundido por la Dirección de Comunicación de la Policía (DIKOP) anuncia la apertura de una investigación encomendada a la Dirección Central de la Policía Judicial, encargada de establecer responsabilidades —complicidad o negligencia— en las circunstancias que permitieron a los agresores entrar en el municipio. Es un paso que llega después de una serie de anuncios de recuperación del control que, en los hechos, no impidieron el regreso de la violencia.
Para las familias de Kenscoff, la pregunta ya no es solo quién dejó que esto ocurriera esa noche, sino por qué las repetidas garantías de seguridad en la zona no resistieron, cada vez, la prueba del terreno.
Y hoy es importante preguntarse también: ¿por qué Kenscoff? ¿Por qué estos campesinos modestos, estos pequeños agricultores ya marginados en la sociedad haitiana, a menudo mal alojados, mal alimentados, mal atendidos, privados de una educación escolar y académica de calidad? ¿Por qué los habitantes de Kenscoff? ¿Por qué esta población rural, que alimenta a una parte del país, debe pagar un tributo tan pesado a la inseguridad? ¡Por qué!
Brigitte Benshow
📲 Rejoignez Le Quotidien 509
Recevez nos dernières nouvelles directement sur votre téléphone via notre chaîne WhatsApp officielle.
🚀 Rejoindre la chaîne WhatsApp

