Para una gran parte de la población haitiana, desde hace más de cinco años, la pesadilla ya no es una excepción, sino una realidad cotidiana. La inseguridad se ha arraigado, se ha normalizado y se ha convertido en el telón de fondo de la vida diaria. El asesinato del presidente Jovenel Moïse, en la noche del 6 al 7 de julio, no logró revertir esta trayectoria.
Por el contrario, aceleró el caos y profundizó una descomposición ya avanzada, especialmente en los barrios populares, los guetos y esas zonas de sombra hoy bajo control de grupos armados. En los pasillos y callejones del área metropolitana, la violencia impone su propia ley, redefine fronteras y altera los referentes sociales. Comunas y barrios que antes eran considerados espacios residenciales tranquilos están hoy dominados por grupos criminales.
Esta realidad terminó siendo reconocida por el propio Estado cuando la entonces ministra de Justicia y Seguridad Pública, Emmelie Prophète Milcé, mencionó en marzo de 2023 en Radio Sans Fin (RSF) la existencia de verdaderos “territorios perdidos”.
¿Qué ocurre realmente dentro de estos llamados “territorios perdidos”?
En estos espacios denominados “territorios perdidos”, todos los habitantes — mujeres, hombres y niños — sufren por igual múltiples formas de tratos inhumanos. El discurso popular en redes sociales y en ciertos medios de corte militante tiende a concentrarse principalmente en las mujeres y niñas, que sin duda son grandes víctimas de la inseguridad, mientras se presta menor atención a la situación de los hombres y los niños. Sin embargo, ellos también son víctimas del que podría llamarse el “laberinto de la inseguridad”.
El informe del primer trimestre de 2025 (enero–marzo) de la BINUH sobre víctimas de violencia confirma esta afirmación. Durante este período, las víctimas se distribuyeron de la siguiente manera: 85 % hombres, 13 % mujeres y 2 % niños. Estas cifras agrupan tres dinámicas principales de violencia y abuso identificadas durante el segundo semestre de 2024:
Violencias relacionadas con actividades criminales
Operativos policiales contra las bandas
Acciones violentas de grupos de autodefensa y del movimiento de “Justicia Popular” conocido como Bwa Kale
A pesar de estos datos, la atención pública continúa centrada principalmente en las mujeres y niñas.
Numerosos testimonios revelan la vulnerabilidad de los jóvenes frente a la inseguridad en Haití. Jean Patrick François contó su historia en Ayibopost a través de un video después de haber estado al borde de la muerte en Canapé-Vert, tras sufrir agresiones físicas por parte de brigadas locales conocidas como “Nèg Brigad”. Su caso no es aislado; muchas víctimas — en su mayoría hombres — ya han perdido la vida.
Este testimonio expone la vulnerabilidad de los jóvenes vinculada a su apariencia física y a ciertas prácticas que siguen siendo tabú en la sociedad haitiana: el uso de dreadlocks, piercings o vestimenta considerada fuera de las normas sociales.
Numerosas organizaciones trabajan en la defensa de los derechos de mujeres y niñas víctimas de la inseguridad en Haití. Elaboran informes, impulsan proyectos de rehabilitación y acompañamiento. Pero ¿qué ocurre con los hombres y los niños víctimas de esas mismas violencias — violaciones, explotación, golpizas y asesinatos? ¿Quién alza la voz por ellos? Un pesado silencio rodea su dramática situación.
Muy pocas organizaciones adoptan un enfoque inclusivo. Un ejemplo es SOFA (Solidarité Fanm Ayisyen), que, a través de su proyecto “Reinserción de adolescentes desplazados, testigos y víctimas de violencia”, brindó apoyo psicosocial durante el período de verano a adolescentes que viven en campamentos de desplazados debido a la violencia de las bandas.
La inseguridad en Haití, en todas sus dimensiones — alimentaria, física, económica, psicológica y social — afecta a toda la población sin distinción de sexo o género. Hombres y mujeres, niñas y niños pueden ser víctimas de la violencia vinculada a la inseguridad.
En ciertas zonas conocidas como “Rat pa Kaka” — áreas con fuertes brigadas comunitarias destinadas a impedir la entrada de bandas armadas — los hombres y los niños son incluso más propensos a ser asesinados, aun siendo inocentes, debido a acusaciones sin pruebas. Esto corresponde a la tercera categoría de violencia identificada por la BINUH.
Por ello, la realidad debe analizarse en toda su complejidad para que todas las personas sean tomadas en cuenta al evaluar el impacto real de la inseguridad sobre la población haitiana.
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Yvelie Jemima Sanon
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