Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo pusieron a varios atletas haitianos bajo los reflectores, empezando por Jessica Lee, medallista de oro en taekwondo, cuya consagración quedará como uno de los momentos más destacados de la delegación. Pero más allá de los podios, esta participación revela las profundas disparidades entre el potencial humano del deporte haitiano y las condiciones en las que intenta desarrollarse. Privada de un verdadero marco nacional de preparación, enfrentada a limitaciones logísticas persistentes y sostenida en gran parte por atletas de la diáspora, la delegación haitiana afrontó estos Juegos con recursos limitados. Santo Domingo 2026 no se resume, por tanto, a un balance de resultados: el evento plantea la cuestión de la sostenibilidad de una cantera deportiva que carece de un marco estructurado.
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe: la cita deportiva regional más antigua
Antes de los Juegos Panamericanos, los Juegos Olímpicos y los campeonatos continentales modernos, ya existía una gran cita regional. Creados en 1926, los Juegos Centroamericanos y del Caribe constituyen hoy la cita multideportiva regional más antigua que se sigue celebrando en el mundo. Reúnen a países de Centroamérica y el Caribe, así como a varias naciones de Norteamérica y Sudamérica miembros de Centro Caribe Sports. La edición 2026, organizada en Santo Domingo, tiene además una dimensión simbólica, ya que marca el centenario de esta competición.
Una larga historia entre Haití y los Juegos
Haití participa en estos Juegos desde 1930, en la segunda edición celebrada en La Habana. Casi un siglo después, los deportistas haitianos han conquistado una sesentena de medallas, con resultados particularmente destacados en atletismo, judo, boxeo, ciclismo y natación. El mejor desempeño histórico se remonta a Santo Domingo 1974, con seis medallas. Desde entonces, pese a los recursos limitados, Haití ha mantenido su presencia en esta competición regional.
Santo Domingo 2026: participar a pesar de la adversidad
Esta edición tenía un significado particular. En total, 46 atletas representaron a Haití en estos Juegos, con lo que la delegación llegó a 60 personas incluyendo al cuerpo técnico y a los oficiales. Pocos meses antes de los Juegos, el FIFA Goal Center de Croix-des-Bouquets, único verdadero centro nacional de alto rendimiento del país, fue incendiado durante los episodios de violencia que sacuden a Haití. Esta destrucción privó a las federaciones de una herramienta esencial para preparar adecuadamente a los atletas. En estas condiciones, la mayoría de los deportistas haitianos se entrenaron en el extranjero: muchos tuvieron que financiar por sí mismos su preparación lejos del país.
Al igual que las demás delegaciones, los atletas haitianos se alojaron en la Villa Centroamericana y del Caribe, la villa de atletas habilitada para los XXV Juegos en Santo Domingo. Este recinto acoge a deportistas y oficiales de toda la región durante toda la competición. Presente en el lugar durante toda la competición, nuestro equipo de Quotidien 509 —la Coordinadora Girovna Brice y las periodistas Cherline y Soraya Ades— siguió de cerca el día a día de la delegación haitiana, junto a Manouchka Salam, representante del medio deportivo ASPromoSport, a Henry Chery y Emilio Jolifils, así como a otras figuras de la prensa de la diáspora: desde los entrenamientos hasta las competiciones, pasando por los retos logísticos, los momentos de descanso y los intercambios con atletas, entrenadores y dirigentes.
Según Fritz Gerald Fong, segundo vicepresidente del Comité Olímpico Haitiano, varios problemas logísticos tuvieron que resolverse sobre la marcha: pedidos entregados con retraso, equipamiento fabricado con errores, y camisetas cuya espalda mostraba el nombre de un solo atleta para varios miembros del equipo.
Estos incidentes, en apariencia menores, muestran que incluso a escala internacional, el deporte haitiano sigue sufriendo fallas organizativas que frenan la preparación y perturban la experiencia de las delegaciones.
En el plano diplomático, el panorama es igual de preocupante: la embajada de Haití en República Dominicana brilló por su ausencia, a diferencia del consulado de Santiago, que sí brindó asistencia a la delegación. Este desequilibrio ilustra una falta de coordinación que va más allá del ámbito puramente deportivo.
Actuaciones que abren esperanza
Si bien los resultados siguen siendo modestos frente a las grandes potencias deportivas del Caribe y Centroamérica, varias actuaciones confirmaron el potencial de una nueva generación. La primera medalla haitiana llegó de la mano de Valentina Lalane, quien se colgó la plata en patinaje artístico, abriendo así el medallero de la delegación en estos Juegos. La mayor satisfacción llegó después con Jessica Lee, quien entró en la historia con una medalla de oro en taekwondo, símbolo del potencial de los atletas haitianos, seguida de Ava Lee, que obtuvo el bronce en la misma disciplina. Otras actuaciones también marcaron a la delegación, en particular la de Cedrick Belony-Duliepre en boxeo y la del equipo masculino de baloncesto 3×3. Otros atletas, entre ellos Mayah Chouloute, Beaumanoir Toussaint Amprey, Latifah Owery, Gioberti Dérégone, Jean-Baptiste Mathew y Donika Saint Fleur, también defendieron los colores haitianos con determinación.
Una resiliencia que no debe sustituir a la acción
Los éxitos individuales ya no pueden ocultar las carencias estructurales. Cada olimpiada ve surgir nuevos talentos, pero su desarrollo sigue dependiendo demasiado a menudo del sacrificio de las familias, las federaciones o la diáspora. En la mayoría de las grandes naciones deportivas de la región, la inversión privada constituye hoy una palanca esencial del rendimiento. En Haití, esta alianza entre las empresas y el movimiento deportivo sigue siendo incipiente. Sin mecenazgo, sin patrocinios y sin planificación a largo plazo, los resultados seguirán dependiendo de hazañas individuales y no de una verdadera política deportiva.
Una mejor coordinación entre las federaciones, el Comité Olímpico Haitiano, las autoridades diplomáticas —cuya ausencia se hizo sentir en Santo Domingo— y los socios privados podría contribuir a mejorar el acompañamiento logístico de las delegaciones en las grandes competiciones internacionales.
El fortalecimiento de las federaciones, la implicación del sector privado, el respaldo de la diáspora y una mejor coordinación entre los distintos actores serán determinantes para transformar estos éxitos individuales en avances duraderos para el deporte haitiano.
Lyly y Soraya Ades
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